Las características de los edificios pasivos

 

A la hora de limitar la demanda energética, lo más eficaz es cuidar al máximo la envolvente de la edificación, es decir la superficie en contacto con el exterior (fachadas, cubiertas, suelos, etc). De la misma manera que los seres vivos intercambian calor con el entorno a través de la piel, los edificios lo hacen a través de su envolvente. Con ese fin es básico establecer de manera exigente y rigurosa los siguientes aspectos:

  • Conseguir un magnífico aislamiento, con espesores que pueden llegar a triplicar los habitualmente utilizados en España.
  • Eliminación de puentes térmicos, es decir aquellos puntos del edificio en los que, por un deficiente diseño constructivo, el aislamiento disminuye o incluso desaparece. Los puentes térmicos además de ser puntos por donde se producen pérdidas indeseadas de energía favorecen la aparición de condensaciones.
Imagen termográfica que muestra la diferencia entre un edificio convencional a la izquierda y uno pasivo a la derecha. Cuanto más se acercan los colores al magenta más pérdidas de calor tiene la fachada.

Imagen termográfica que muestra la diferencia entre un edificio convencional a la izquierda y uno pasivo a la derecha. Cuanto más se acercan los colores al magenta más pérdidas de calor tiene la fachada en esos puntos.

  •  Control de las infiltraciones de aire no deseadas a través de la envolvente. Flujos de aire entre interior y exterior a través de orificios y fisuras en la envolvente causan multitud de problemas, sobre todo en invierno (falta de confort térmico, aparición de condensaciones, etc.). Debido a que en muchos climas un edificio Passivhaus requiere una ventilación mecánica, se precisa una excelente estanqueidad de la envolvente del edificio. Si dicha envolvente no es suficientemente impermeable, el flujo de aire no seguirá los recorridos planeados y la recuperación del calor no será suficientemente efectiva, resultando un consumo energético mayor. En climas muy suaves, es posible construir un edificio Passivhaus sin sistemas de recuperación de calor. En este caso, si no hay un sistema de ventilación mecánica, la estanqueidad ya no es tan importante. Por el contrario, edificios muy estancos sin sistemas de ventilación corren el riesgo de tener una mala calidad del aire y exceso de humedad.
  • Ventanas, puertas y lucernarios de altas prestaciones. Son los puntos débiles de la envolvente por ello es sumamente importante diseñarlas y ejecutarlas de forma rigurosa. Han de disponer de carpinterías con roturas de los puentes térmicos, materiales adecuados, dobles juntas de estanqueidad, vidrios bajo emisivos dobles o triples con cámaras de aire o de gases nobles, etc.

Además los edificios han de estar dotados de:

  • Un sistema de ventilación natural cruzada que permita el refrescamiento del ambiente en verano
  • Un sistema de ventilación mecánica con recuperación de calor. La ventilación mecánica será la encargada de conseguir la necesaria renovación del aire y que el edificio pueda ser calefactado sin recurrir a otros sistemas mas que como apoyo. El recuperador recoge el calor que transporta el aire en el interior y lo transfiere al aire fresco exterior, atemperado, filtrado y en óptimas condiciones higiénicas. Se establece como óptima la renovación de 1/3 del volumen de aire cada hora. La ventilación además reduce el riesgo de condensaciones superficiales.
  • Un diseño que permita aprovechar la energía gratuita del sol en invierno y al mismo tiempo limitar el impacto de la radiación excesiva en verano. Además aprovechar las ganancias de calor internas generadas por las personas, los electrodomésticos y la iluminación.

Cumpliendo estos parámetros, los edificios así diseñados pueden llegar a ahorrar hasta un 90% del consumo energético respecto de los edificios convencionales.

Ventilación mecánica controlada con recuperador de calor, combinada con un intercambiador geotérmico tierra aire.

Ventilación mecánica controlada con recuperador de calor, combinada con un intercambiador geotérmico tierra aire.